Pocos relojes tienen una silueta tan reconocible como el Monaco. Su caja cuadrada, asociada inevitablemente al automovilismo y a Steve McQueen, sigue viéndose extrañamente futurista incluso décadas después de su lanzamiento. Esta referencia mantiene intacto ese espíritu setentero, pero con una ejecución moderna y mucho más refinada. La combinación entre esfera negra, subesferas plateadas y detalles rojos le entrega una estética racing muy marcada, sin caer en excesos visuales.
El Monaco nunca ha sido un cronógrafo convencional. Se usa distinto, se siente distinto y genera una presencia completamente distinta en la muñeca. La geometría de la caja obliga a mirarlo como un objeto de diseño industrial más que como un simple reloj deportivo. En esta versión Calibre 12, TAG Heuer logra equilibrar herencia y contemporaneidad con mucha naturalidad, manteniendo el carácter experimental que convirtió al Monaco en uno de los cronógrafos más icónicos de la relojería moderna.